Al buscar el término elegancia en los diccionarios deberían aparecer como definición sólo dos palabras: Bossa nova. La samba tamizada por el jazz, la locura y la magia brasileña -la de los carnavales, la del fútbol de Garrincha- filtrada por el sosiego de las tertulias y la intelectualidad de finales de los años cincuenta. La influencia de este ritmo es inabarcable: el pop, el jazz, el lounge, la electrónica, el trip-hop... Todos rendidos ante la chica de Ipanema. Saravá!Hablar de este movimiento es mentar a Vinicius de Moraes, el gran genio/creador/vividor de la bossa. Hablar de Moraes es hablar de Tom Jobim (Antonio Carlos Brasileiro de Almeida Jobim). Y hablar de este último es hacerlo de Elis Regina, reivindicativa diva del tropicalismo.
Regina y Jobim crearon un disco de bolsillo, de esos que siempre deberíamos llevar con nosotros, sólo por si acaso: Elis & Tom. Entre los temas dejaron quizás una de las mejores y más bellas canciones de la historia de la música: 'Aguas de março'. Un poema musicado por Jobim, el genio compositor.
Hay una extraña sensación agridulce que se esconde tras esta bossa nova contenida e intimista. Cierta magia oscura que hace pensar en la frase de Benedetti en la que el uruguayo espetaba sin remilgos: "Hay cierta alegría en saber que aún podemos estar tristes". Al final, tras una lágrima puede haber una sonrisa y todo sucede, sólo hay que saber aceptarlo de la mejor manera posible: "É um caco de vidro, é a vida, é o sol, é a noite, é a morte, é um laço, é o anzol".
Nadie ha cantado a la tristeza con tanta alegría como los brasileños. Saravá!
Para escuchar:
Aguas de março, Elis & Tom
Aguas de março, Elis Regina









