domingo, 16 de septiembre de 2007

Más veloz que el paso de los días

Si la melancolía puede ser un lugar habitable, Mark Kozelek cuenta con una suite permanente en ella. El cantante de Red House Painters y Sun Kil Moon es uno de esos seres iluminados capaces de crear bellas canciones, repletas de tristeza y brillantes por su aparente sencillez. Kozelek es un hombre del medio oeste americano, ese lugar donde dicen que sólo la nada es más veloz el paso de los días.

La música de Red House Painters, grupo con el que Kozelek se dio a conocer y probablemente uno de lo mejores grupos de los años 90, se alimenta del sonido de gente como Neil Young, Nick Drake y los legendarios American Music Club. Quizás habría que añadir otros dos nombres a este listado: John Denver y AC/DC, a los que Mark Kozelek ha versionado en múltiples ocasiones.

Red house painters se formaron en el año 1989 en San Francisco y grabaron su último disco en 1998, aunque se publicó en el año 2001. Durante nueve años el grupo facturó un sonido que se encasilló dentro del llamado slowcore (etiquetas, siempre etiquetas). En realidad, la música del quinteto no era más que un rock lento y acústico con canciones largas y descargas de intensidad entre el el sosiego de los arpegios. Pero Kozelek no es un compositor timorato y se atrevió, incluso, a juguetear con el jazz en el que probablemente es el mejor disco del grupo: Ocean beach, álbum en el que se demuestra que los buenos creadores no tienen registros, simplemente hornean buenas canciones.

Pero en el caso de Red House Painters y Sun Kil Moon, hablar sólo de la música es ovidarse de echarle la sal al plato. La letras de Kozelek hablan de amores perdidos, de recuerdos que se recobran, del frío de la ausencia, de la belleza y, en ocasiones la infancia. El compositor del medio oeste es un songwritter, pero, como se ya se ha comentado en otras ocasiones, este concepto no tiene nada que ver con el cantautor latino. Kozelek compone para un grupo, compone de manera global, no para actuar con su guitarra sobre un escenario. Tampoco reivindica nada, no hay crítica social. Simplemente cuenta, comparte, recuerda.

La música del compositor estadounidense es una caja de sorpresas. Hay que meter la mano en ella, con los ojos cerrados, pero sin miedo. El propio Kozelek podría afirmar que aunque lo que se encuentra a veces pueda resultar amargo, siempre se disfruta.

lunes, 20 de agosto de 2007

Nuevos caminos

Desde que Interpol publicó en 2002 su primer álbum, Turn on the bright lights, su nombre se sumó, con sorprendente celeridad y ayudados por los medios especializados, a la lista de grandes bandas. Bajo la sombra del temible epíteto de hype y con la crítica constante de tener un sonido demasiado parecido al de Joy Division, los neoyorquinos han logrado imponerse a las suspicacias gracias a buenas canciones y un directo arrollador.

Con su tercer disco recién editado, Our love to admire, el cuarteto evoluciona en su sonido, ahora más reflexivo e hipnótico. Abandonan la cuerda floja en la que caminan las nuevas bandas que temen firmar su último disco, que en ocasiones es también el primero, y se adentran por caminos propios. Ya no suenan a Joy Division, grupo del que en realidad siempre renegaron, aunque tampoco se acercan a su idolatrado Nick Cave.

Sus letras continúan oscuras y en ocasiones ininteligibles. Sus guitarrás mantienen parte de su tradicional sonido punzante y algunas de las canciones del disco, como The Heinrich Maneuver, recuerdan a sus trabajos anteriores, rápidas y con las quitarras que les emparentaban con todas las bandas de post-punk de finales de los 70 y principios de los 80 y con grupos como Television.

En realidad, el sonido del nuevo disco se vislumbraba en canciones anteriores -Untlited, Specialist y NYC- y puede que no sea más que la evolución un lógica que desea alejarse de los "suena como" para acercarse a los "esto es Interpol".



Rectificación

Durante los últimos días, la canción que ha sonado como Lived in the bars no correspondía con la compuesta por Cat Power con este título. Rectificado el error, disfrútenla.

miércoles, 8 de agosto de 2007

La princesa

El mundo de la música esta lleno de reyes y reinas, del pop, del rock, del soul, del jazz... Cat Power -Chan Marshall- es la princesa. A su aspecto adorable, la compositora de Georgia suma una personalidad única y un talento para narrar simples historias, matizadas por una voz afelpada y los ojos más hermosos de la música independiente.

Chan Marshall es una creadora arriesgada que se ha atrevido a jugar con la música y con sus formatos, siempre con los mejores padrinos. Entre sus proyectos en solitarios hay discos con canciones propias y versiones, hay acompañantes de lujo (T. Bone, Eddie Vedder, Dave Grohl, Warren Ellis, M. Ward y Mick Turner) y joyas en las que ella se enfrenta sola con la guitarra, como su DVD Speaking with the trees, grabado en medio de un bosque.

Su último disco, The Greatest, supone un giro en la obra de Marshall, quien hace unos meses declaraba al NYT que había dejado la bebida. Más alejada del minimalismo de sus anteriores grabaciones. No sólo suena su piano, guitarra y voz, si no que se ha dejado empapar por el sonido del soul y grabar su disco más luminoso. Para muchos, su disco más comercial, pero ¿importa eso acaso?

Lived in the bars quizás sea la joya que esconde el disco, y con la que se justifica el álbum al completo. La canción no es más que un tranquilo paseo de la mano de una princesa -no de cuento-, pero ¿qué más se puede pedir durante casi cuatro minutos?

lunes, 6 de agosto de 2007

Agrorock

Aunque El koala sea el máximo exponente de la corriente conocida como agrorock -maldito el día, maldita la suerte de la España veraniega-, existen otros grupos que podrían alistarse en esta cáustica corriente musical, aunque sólo sea por tener un nombre como Los campesinos!.

Desde Cardiff, un joven septeto amante de las melodías pegadizas y los estribillos rápidos, se han dispuesto hacer bailar a todo aquel que esté dispuesto a quemar las suelas de sus zapatos. La autoproclamaba segunda banda británica más punk-rock del momento firma uno de los éxitos del curso musical: You! Me! Dancing!.

La canción, un alarde de gamberra frescura, les une a traves de las ramas de un ficticio árbol genealógico con grupos como Help! She can't swim, Architecture in Helsinky, Bis y los históricos Pavement.

Letras casi infantiles, inocuas, sin ninguna intención de cambiar el mundo, para eso ya está Sabina y sus huestes de oficiales bien pensantes. Música para el día que, al despertaste, decidiste ponerte a saltar sin motivo aparente.

Bastá de opás, You! Me! Dancing! canción del verano, ya.

viernes, 27 de julio de 2007

La tradición

Beirut es un paseo por el Moldava o un viaje a lo largo de los montes Balcanes en un coche fabricado en Detroit. Zach Condon -compositor, multi-instrumentista, narrador- es estadounidense, aunque su música recorre el Este de Europa, el sonido del viejo klezmer judío y asimila las voces de músicos francófonos como Brel y Gainsbourg.

A pesar de la amalgama de elementos tradicionales, su único disco hasta el momento, Gulaj Orkestar, no escapa al lugar de residencia de su compositor: Nueva York. La ciudad más europea de los Estados Unidos imprime un toque de modernidad a tanta tradición. Modernidad que le obliga a emparentarse con el último disco de uno de los grupos de moda de la música independiente, Clap your hands and say yeah!, y a otras bandas como Neutral Milk Hotel.

Trompetas, farfisas, acordeones, mandolinas, violines, chelos y pianos componen la orquesta de este joven que, con 16 años, se largó a recorrer Europa para escuchar a los virtuosos gitanos y la música balcánica. El resultado: por una parte, uno de los mejores discos del año 2006 y la sensación de ansiosa espera ante el que será su segundo álbum. Por otra, la sospecha de que los apocalípticos vaticinios de los librepensadores, que profetizan el fin de la cultura tradicional por culpa de la globalización y cacarean sobre la ignorancia de los yanquis, no son tan reales como nos quieren hacer creer.

miércoles, 11 de julio de 2007

Cuestión de talento

La historia de la música popular está plagada de 'supergrupos': bandas formadas por estrellas, fugaces o no, que deciden reunirse para superar su obra anterior o, simplemente, para tocar un rato. The dirty mac pertenece a esta segunda clasificación, un cuarteto de amigos que se reúnen para formar parte de uno de los espectáculos más memorables de la musicastoria: 'The Rolling Stones Rock 'n' Roll Circus'.

Dentro de este experimento audiovisual, en el que participó la elite de la música de los sesenta, se juntaron un grupo de genios para tocar un par de temas. Los responsables de la aventura fueron: un tal John Lennon, que en la grabación responde al nombre de Wiston Leg-Thigh; un joven guitarrista, Eric Clapton, su satánica majestad Keith Richards, que tocó el bajo para la ocasión; y Mitch Mitchell, batería de la Jimmy Hendrix Experience.

El cuarteto hace suyo un tema de los Beatles, 'Yer blues' -'White album'- y superan al original. La canción, grabada en directo, es una muestra del talento desgarrador de los cuatro músicos. En el mismo circo grabaron otra canción, pero los médicos recomiendan que no se escuche: Yoko Ono acompaña con unos sinuosos maullidos -literal- a los cuatro virtuosos, que también cuentan con la compañía del violinista Ivry Gitils.

Por cierto, impagable el diálogo entre John Wiston Lennon y Michael Jagger antes de la actuación.

Para escuchar:

Yer blues