lunes, 6 de julio de 2009

Al recibo de la presente

Los carteros no solo dejan correspondencia en los buzones, también la reciben. El efímero dúo de pop electrónico The Postal Service envió en 2003 un interesante paquete certificado, Give Up. Pese a su buen recibimiento, aquel álbum nunca tuvo continuidad en un nuevo largo -de momento-. Aún así, algunos músicos sí firmaron el acuse de recibo de aquella carta y aportaron sus relecturas de un dos de los temas de Ben Gibbard y Jimmy Tamborello.

Such Great Heights

The Postal Service:




Iron & Wine:



Ben Folds:



We Will Become Silhouettes

The Postal Service:



The Shins:




Y hablando de acuses de recibo, de versiones y aversiones: pinche aquí.

martes, 23 de junio de 2009

Altofolk

El hombre más alto del mundo -eso dice él- compuso uno de los discos más interesantes del año 2008. El sueco Kristian Matsson, con su banjo y la guitarra, propone en su debut Shallow Graves una buena sacudida de folk y tradición estadounidense, bien cargada de heno, sombreros de paja, tabaco de mascar y un porche en una granja.

The Tallest Man on Earth, de voz grave y desgarrada, presenta once canciones engendradas bajo el influjo de los cantautores estadounidenses. Sí, para qué ocultarlo: hay Dylan, hay mucho Dylan. Pero también se asoman muchos clásicos del primer blues, aquel que se componía en el delta del Mississippi y en Chicago, el de los brillantes Son House, Booker T. White, y M. Fred McDowell. El propio Matsson nombra a la Velvet Underground, aunque su rastro es difícil de seguir en este disco; a Nick Drake y Billie Holliday.

Sencillo y directo, el sueco ha colmado su primer largo con deliciosas letras de gran carga poética -no son poesías, no confundamos-, como en The Blizzard's Never Seen the Desserts Sands y Where Do My Bluebirds Fly?; y ciertos toques de humor negro, deslumbrantes en The Gardener.

Ritmos briosos
El haber girado por Estados Unidos con Bon Iver no define el estilo de The Tallest Man on Earth. No se deja llevar por la languidez del estadounidense, compartida por los nuevos folkies. La desgana duerme en otro cuarto. Matsson pone al servicio de sus composiciones ritmos briosos, con nervio. No hace rock, pero hay mucha fuerza en los arpegios y punteos de su guitarra. Quizá haya más newtons en Shallow Graces que en muchas de las bandas de la nueva hornada del rock.

Sin duda que ser el hombre más alto del mundo ha ayudado a Mattson. Desde esa atalaya ha oteado el pasado, el de los orfebres y los artesanos musicales, para vislumbrar una pequeña joya sin artificios, de producción escueta y ejecución precisa. Pocas veces la desnudez resulta tan confortable y hermosa. Larga vida a este rubio hijo de Dylan.

sábado, 13 de junio de 2009

Defínalo usted

No cantaba, Marvin Gaye hacía otra cosa, algo distinto. Hace 25 años su propio padre lo asesinó de un tiro tras una discusión. Gaye ya estaba consumido por la cocaina y una terrible depresión. Su chispa parecía evaporarse, mientras florecía la paranoia en su cabeza. A punto de cumplir 45 años y se había convertido en su propia sombra.

Lo del príncipe del soul era otra cosa. What's going on? lo demuestra. Su obra cumbre lo aúpa a un olimpo en el que descansan sólo los más selectos. Sí, los más selectos, los mejores.

Poética, onírica, sensual, elegante, sublime, absorbente, revolucionaria, evocativa, así suena la música de Gaye. No cantaba, era algo distinto. Que cada uno decida qué.

sábado, 6 de junio de 2009

Baila, baila, que algo queda

Hay discos que bien valen un sencillo, un par de ellos o tres. Hay bandas que tienen el secreto del baile y logran que sus largos sean un sinfín de movimientos que brotan del cuello, los hombros y la cadera de manera involuntaria. Que el contoneo sea acompasado o desacompasado, queda al gusto del consumidor. Los escoceses Bricolage han logrado componer un primer álbum que se ajusta a estas dos premisas: buenos temas -en un mundo sin maldad ni radiofórmulas serían un éxito- y bailables/saltables. Muy bailables/saltables.

El cuarteto de Glasgow, formado en 2005, editó su primer single en el año 2006: Footsteps, la mejor pieza del álbum. Durante los siguiente dos años publicaron un par de sencillos más y grabaron este debut, de título homónimo y producido por Stephen Lironi, miembro de la banda escocesa de new wave Altered Images.

Que Lironi se haya encargado de la producción parece lógico. Bricolage pertenece a ese movimiento que desde hace tiempo recupera, con mejor o peor resultado, el sonido de la nueva ola. A diferencia de otros grupos -y a la espera de ver qué derroteros toman-, su música resulta muy próxima a bandas como Orange Juice, The The, The Photos y Josef K.

La propuesta de los escoceses es clara: bailemos. Pop puramente británico, ese que sólo ellos conocen la fórmula, como si fuese el secreto de la Coca Cola.

Se entra en el disco con facilidad, casi sin darse cuenta, y se lleva, desde el primer tema, el ritmo con los pies gracias a las afiladas guitarras, la batería y los extraordinarios juegos de voces (sublimes en temas como Turn You Over o Lootus Takes the Wating Out of Wanting). Un par de escollos: dos lentas que incomodan.

Cuando hay bandas obsesionadas con la evolución y la modernidad que perpetran aburrísimos discos vacuos -¿alguien ha dicho The Killers?-, cabe preguntarse: ¿en serio eso es la evolución? Al carajo con ella. Dame singles y llámame tonto.

Footsteps

domingo, 31 de mayo de 2009

ABC, un, dos, tres, sota, caballo y rey

Telekinesis es (y si no lo es, debería serlo) uno de los grupos revelación de este año, al que aún le restan meses. Su álbum de debut, Telekinesis!, forma parte del catálogo del sello Merge, lo que equivale a 20 años de calidad. La discográfica del líder de los carismáticos Superchunk, Mac McCoughan, ha fichado a este grupo, asentado en Seattle -tras el que se esconde el compositor y multiinstrumentista, batería y cantante en directo, Michael Benjamin Lerner-, para ofrecer un disco acertado, directo, vibrante y brillante. Pop-rock con aroma a indie americano de los 90 y a The Shins y Death Cab for Cutie -Chris Walla lo produjo y se nota-.

Entre los once temas de guitarra -vieja escuela- se esconden varios éxitos 'a la primera' (Coast of Carolina y Great Lakes). En posteriores escuchas, además, se descubren pequeños joyas sin alharacas. Ningún tema alcanza los cuatro minutos, no hay transgresión ni extrañas estructuras. Como el sujeto verbo y predicado, repiten el verso estribillo verso estribillo. En este negocio no hace falta más.

La gran canción de Telekinesis es Tokio, un tema pegajoso que engancha a la primera y obliga escucharlo hasta la extenuanción. Puro disfrute guitarrero que sirve de cebo para adentrarse, sin darse cuenta, en está exaltación del sota, caballo y rey.

viernes, 15 de mayo de 2009

Hola, ¿cómo estás?

Johnston, inclasificable. Casi treinta años publicando temas que graba en su casa. Lo-fi. Un artista, un tipo enfermo. No es una imagen, está diagnosticado. Daniel Johnston sufré un desorden psiquiátrico. ¿Cambiaría su música si no fuese así? No lo sabemos y tampoco importa. Desde su primera grabación en el año 1981, una cinta con una portada ilustrada por su propia letra, se ha hecho un pequeño hueco en la música independiente y underground -he aquí lo nuclear-. Autopromoción, boca a oído, pasión y un universo alejado de todo.

En los noventa, Cobain le reivindicaba. Groenning también le rinde culto. Los demás saltan al carro atrapados por esa mezcla de surrealismo, inocencia infantil y crudeza sin ambages que desprende este músico y artista gráfico. Muchos grupos han decidido versionarle: Television Personalities, Beck, Tom Waits, Sparklehorse con los Flaming Lips y M. Ward, entre otros.

Amante confeso de los Beatles, los cómics y el Capitán América incluyó en su primera casete, Songs of Pain, una preciosa canción de desamor: Grievances. No hay tópicos. El concepto emotividad se desliza entre parámetros extraños. "Si no puedo ser tu amante, seré una peste", advierte a la afortunada, a la que había saludado con un sutil, "Hola, ¿cómo estás?". Toda comienza con una tos y un par de soplidos en el micrófono.

El tejano es una isla, tintineante, extraña y amarga, en el mundo de la música. No persigue tendencias, ni la pulcritud técnica o el virtuosismo, tampoco las ventas; pero ya ha alcanzado su trono. Probablemente a él le da igual. Simplemente, siguió el consejo que el bibliotecario le da en esta canción: "You can't buy no respect".

jueves, 7 de mayo de 2009

Peluda lisergia

Irreverencia. 16 años de experimentación. 16 años de pop, power pop, electro pop, rock progresivo, electrónica y demás creaciones de laboratorio. 16 años con el nombre más tierno de la escena independiente británica: Super Furry Animals (SFA). Los animales súper peludos (o peludísimos). Apelativo tan estrambótico como las horrorosas portadas de sus discos. Los galeses han engendrado en este tiempo algunas de las mejores melodías de la última década. Beach Boys de los buenos, aunque no en la California iridiscente de los Wilson. Las han agitado y golpeado con todo aquello que han descubierto en el camino. Peludos y excéntricos. Syd Barret se enorgullecería de ellos.

La primera referencia discográfica de este cuarteto data de 1994, Dim Brys: Din Chwys. Desde entonces han grabado nueve discos, el primero Fuzzy Logic, el último Dark Days/Light Years. Una curiosidad, tienen a gala contar con uno de los títulos más largos de la historia de la música: Llanfairpwllgwyngyllgogerychwyrndrobwllllantysiliogogogoch (In Space), un EP cantado en gaélico que homenajeaba al pueblo galés de impronunciable e infinito nombre. Entró en el Guiness.

Otras ligas
En sus comienzos se les emparentó con toda la plebe del Brit-pop. Esa no era su liga. Ellos jugaban a otra cosa. Sí, sus armonías vocales podían hermanarse con Teenage Fanclub, hubo quien, incluso, encontró cierto olor a Oasis. Pero aquello no era para SFA. Tampoco se podían comparar a sus coetáneos galeses Gorky's Zygotic Mynci o Catatonia. En el mundo de los SFA reina (pero no gobierna) la lisergia, como ocurría con los brillantes Beta Band.

El quinto galés ha logrado delimitar sus propias reglas dentro de cada álbum. Podrían plantarse junto al reprodutor de música y aclarar antes de empezar a escuchar el disco: "Hola, somos los SFA y nosotros marcamos el terreno. Si quieres venir a jugar, acepta que lo que haya al otro lado ya no importa. Estás en nuestra cancha. Nosotros sacamos y elegimos campo. Tú, juegas con uno menos". Pero esta desventaja es aparente. Sus canciones rebosan tradición, que engarzan con fragmentos que alteran la estructura tradicional del pop-rock. La escucha se altera, pero no resulta amenzante. Nadie podría tener miedo de un tierno animal peludo.

[Todo esto debería haber comenzado con una disculpa. Sirvan estas canciones como pago por la ausencia. Dejemos los reproches a un lado y volvamos al punto de partida. Hablemos de música]



miércoles, 7 de enero de 2009

2008

Castigados un año más al eterno retorno, 2008 exige su lista dedicada a lo mejor del año que se fue. Raphael -El Artista-, regresó a TVE con un especial de incalculable valor, tanto en euros, pesetas, libras o dólares. Asincopado, parcial, subjetivo y atemporal, hace memoria musical del año bisiesto y también aspira a ser un referente del periodo navideño, como Raphael. ¿Por qué listas de 10?, ¿por qué de 20?, ¿o de 50?, ¿por qué no una de 28 y otra de 35? Al igual que el curso pasado, pido perdón por todo lo que se queda fuera y que debería estar.

Discos:

  1. 'Falling off the Lavender bridge': Lightspeed Champion
  2. 'Tanglewood Numbers': Silver Jews
  3. 'From here to eternity: live': The Clash
  4. 'Do You Like Rock Music?': British Sea Power
  5. 'What's Next to the Moon': Mark Kozelek
  6. 'Avería y redención #7': Quique González
  7. 'Blue Sky Blue': Wilco
  8. 'Sirens': Pete Greenwood
  9. 'The New Folk Sound of Terry Callier': Terry Callier
  10. 'Heavenly': Half Foot Outside
  11. 'The Salvation Blues': Mark Olson
  12. 'Celebration': Thomas Function
  13. 'A propósito de Garfunkel': The New Raemon
  14. 'Let me go, let me go, let me go': Jason Molina
  15. 'Með suð í eyrum við spilum endalaust': Sigur Rós
  16. 'Boxer': The National
  17. 'A.M.': Magnetic Morning
  18. 'The Days of Wine and Roses': The Dream Syndicate
  19. 'Sweet Babt Jane': James Taylor
  20. 'The Hawk is howling': Mogwai
  21. 'Todas Sus Grabaciones 1983/1985': Golpes Bajos
  22. 'Into the wild': Eddie Vedder
  23. 'Juego entrópico', Nueva Vulcano
  24. 'The Paul Simon Songbook': Paul Simon
  25. 'California': American Music Club
  26. 'Mirrored': Battles
  27. 'Roll with it': Eli 'paperboy' Reed

       * Mención especial: 'In our nature': José González

Canciones:

  1. 'If you want blood': Mark Kozelek
  2. 'Mano izquierda': The New Raemon
  3. 'Miniature Birds': Grand Archives
  4. 'Soul meets body': Death Cab for Cutie
  5. 'The Way you Move your Hair': Nada Surf
  6. 'Time to pretend': MGMT
  7. 'Un arpón de grillos': El columpio asesino
  8. 'Chelsea hotel #2": Leonard Cohen
  9. 'Atlas': Battles
  10. 'Tell me what is worth': Lightspeed Champion
  11. 'Falling away': Preston School of Industry
  12. 'Omaha nights': Gary Louris
  13. 'Luther Vandross': Shine
  14. 'Flash-back al revés': Klaus & Kinski
  15. 'Balloons': Foals
  16. 'Paris is burning': St. Vincent
  17. 'After Hours': We are Scientists
  18. 'Pull the curtains': Grandaddy
  19. 'I'm getting back into getting back into you': Silver Jews
  20. 'Modern mystery': Someone Still Loves you Boris Yeltsin
  21. 'Eye know': De la soul
  22. 'The floating space boy': Half foot outside
  23. 'Divine': Sebastian Tellier
  24. 'La vida te lleva por caminos raros': Quique González
  25. 'Breathless': Nick Cave & The Bad Seeds
  26. 'Art Class': Superchunk
  27. 'Jenny': American Music Club
  28. 'Run, run': Those dancing days
  29. 'I feel too young to die': South San Gabriel
  30. 'Hey sceneters': The cribs
  31. '5 years time': Noah and the Whale
  32. 'The letter': Black Heart Procession
  33. 'Nightmare on Northumberland': The Ramsays
  34. 'Soft Hand': The Willard Grant Conspiracy Pilgrim Orchestra
  35. 'Carrot rope': Pavement




























Saltar hasta el segundo 0:33, merece la pena

jueves, 30 de octubre de 2008

We shall overcome

No hay música que acalle una barbarie.

El reverendo Charles Tindley's compuso la letra para el gospel I'll overcome someday a comienzos del siglo pasado. Más adelante este tema se convirtió en We shall overcome. La canción fue un referente en la lucha por los derechos civiles y para los movimientos pacifistas. Muchos músicos la han interpretado. Desde Peter, Paul and Mary a Joan Baez, Petter Seeger o Springsteen. La mejor, la reina del gospel, Mahalia Jackson.

Nosotros también triunfaremos. Libres y sin miedo. Todo irá bien. We shall overcome, one day.

miércoles, 1 de octubre de 2008

Aleluya para hoy

A Eustaquia y Nahum, en conmutativa relación de factores indivisibles.

lunes, 22 de septiembre de 2008

Canciones del verano II

Alabado sea Mark. Alabado todo lo que graba, todo lo grabado y lo que le quede por grabar. Alabados sus directos, sus discos piratas, los de versiones y los recopilatorios. Bendito el que le escucha con oídos limpios, el que lo hace con desgana y el que lo desprecia por tedioso. Kozelek es el profeta. Oasis y Coldplay, los fariseos. Tokio Hotel, Melendi y Pignoise, el maligno hecho carne.

Summer dress es el salmo más perfecto del estadounidense. Su versión en directo, desde la sala l'Heliogàbal de Barcelona, es maná. Una confesión de amor en el tono más triste del Medio Oeste. Kozelek no necesita una banda, orquestaciones, vídeos y fuegos artificiales para aplacar la ira de sus fieles, sólo su guitarra, su voz y un chelo.

Recto es su juicio, luz en el sendero. Aléjate de mí U2.


miércoles, 10 de septiembre de 2008

Canciones del verano I

Puede que sólo exista un ente que se alegre -disfrute, goce o similar- con la llegada de septiembre y la vuelta al colegio: El Corte Inglés. Por norma general, para el resto de mortales, el fin del verano es una puñalada fría e inesperada en el costado. La música puede suponer un asa con el que aferrarse a la vivencia marchita del camping-gas, las chanclas y las siesta milenarias con el Tour de Francia de fondo. Que cada periodo estival tiene su propia canción es cierto, algunos veranos tienen varias, muchas. Esto es un ejercicio de nostalgia. El sonido de aquel verano de 2008.

Preston School of Industry (PSOI) es la gemación de Pavement, histórica banda que formó parte de la hornada indie americana de los años 90. De aquella generación de oro Pavement fueron los más divertidos y descarados. Con un sonido entre el pop, el rock y el noise, los californianos conformaron un cancionero notable, con un par de discos sobresalientes: Croocked Rain, Croocked Rain y Brighten the Corners

En 2000 el grupo se separa y su guitarrista Scott Kannberg, conocido como Spiral Stair, no espera ni medio segundo para juntar a un par de amigos y montar su nueva banda. El nombre lo toma de unos de los más reputados reformatorios estadounidenses, sito en Amador County, California.

Kannberg decide recuperar algunos de los temas descartados durante la grabación del último disco de su anterior banda, Terror Twilight, y prepara un primer sencillo, Goodbye to the Edge City. Unos meses después se publicaría el primer larga duración de PSOI, All This Sounds Gas (2001).

En este primer disco aparece Falling away, la mejor canción de un álbum que suena, como es lógico, muy similar a Pavement, aunque menos ruidoso, más pausado. Este tema, de sencilla letra -casi pueril-, transmite una alegría contagiosa, sin caer en el merengue pastel de algunas tonadas pop. Como el resto del elepé, es una agradable composición de fácil escucha. Si se tira del tópico se puede hablar de una canción redonda. Guitarras distorsionadas, melodías pop y ritmo de rock. Lo justo para bailar en la fiesta del pueblo.

Falling away

martes, 29 de julio de 2008

La homilía del soul

En los convulsos tardosesentas estadounidenses surgieron figuras que sirvieron para remover la conciencia crítica de ese país. Ideólogos y activistas, en mayor o menor medida, que defendieron nuevos valores y mostraron su intención de cambiar de algún modo aquello que detestaban de su vida cotidiana: el racismo. Rosa Parks, en 1955, no se sentó en la parte de atrás del autobús, tal y como ordenaba la ley entonces, y buscó un hueco en la zona para blancos. Cuando tuvo que ceder su sitió, amenazada por el conductor, no lo hizo. Once años antes, Irene Morgan había sido detenida por lo mismo. Otros fueron más conocidos, como Ernest Green, Martin Luther King Jr y Malcom X. Y entre todos ellos, Nina Simone, la banda sonora original de esta revolución social.

La alta sacerdotisa del soul, como fue bautizada, no sólo contaba con una voz fuera de lo común y poseía una capacidad asombrosa para componer y versionar temas de otros artistas; también tuvo la valentía de asir la bandera del cambio. Los sesenta fueron controversia y, entre tanto caos, la música y las cuestiones sociales se daban la mano.

El año del cambio fue 1964. Simone, de un abrasador talento, ficha por Philips y abandona Colpix. En su primera grabación con la compañía holandesa incluye un tema, Mississippi Goddam, en el que habla abiertamente de las desigualdades entre la comunidad negra y la comunidad blanca. Este tema sirvió de respuesta al asesinato, a manos de un miembro del Ku Klux Klan, del activista Medgar Evers y al bombardeo de una iglesia, en el que murieron cuatro niños.

La pianista, que sufrió el racismo durante su infancia, compone Four women, sobre los estereotipos de las mujeres negras. La canción se convierte en un himno feminista prohibido en algunas zonas de los Estados Unidos. Graba para el álbum Pastel Blues el tema Strange fruit -de la gran reina del jazz Billie Holliday-, en la que se narra la historia de un linchamiento. En el año 1967 canta I wish I knew how it would feel to be free. El 7 de abril de 1968, tres días después del asesinato de Martin Luther King Jr., Nina Simone entona una nueva canción, Why (The king of love is dead). El bajista que le acompañaba, Gene Taylor, la compuso nada más enterarse de la noticia.

Un himno para la comunidad negra
En 1970 Simone, junto a Weldon Irvine, se inspira en la obra inacabada de la dramaturga Lorraine Hansberry para componer To be young, gifted and black. Este tema se convirtió en un himno para la comunidad negra. Aretha Franklin, otra de las grandes, se apodera de él dos años más tarde y lo versiona.

Tampoco falta la polémica en torno a estos años de lucha de la compositora. Durante los sesenta hay quien la sitúa en las estratos más radicales de los movimientos por la igualdad. Se le acusa de no compartir las posiciones de no violencia que promulgaba Luther King, además de defender la fuerza como medio para lograr un estado separado para los afroamericanos. Lo cierto es que militó en las Panteras Negras, aunque sería injusto no enmarcarlo dentro de un periodo de rebeldía y en su contexto histórico y social.

Política a un lado, Nina Simone ha logrado convertirse en un referente para varias generaciones músicos. Lauryn Hill habla de ella, Alicia Keys, también. Jeff Buckley y John Lennon se suman a la lista. Otros la han versionado: Cat Power, The Animals, Bowie, el propio Buckley, Muse y Timbaland.

También consiguió, años más tarde, algunos reconocimientos. Durante su infancia, la artista -la sexta de ocho hermanos- trató de estudiar piano en el Curtis Institute con una beca. Fue rechazada por su color de piel. Unos pocos días antes de morir, en 2003 en Francia, recibía el título honorífico de este prestigioso centro. Después de tanta batalla, por fin lo había logrado.








martes, 17 de junio de 2008

El legado del rey

LPM 1254 es la referencia del catálogo de RCA Victor de uno de los mejores discos de la historia de la música. Es la primera grabación de un hombre destinado a convertirse en la imagen de la gran revolución del siglo XX: el rock. Él era el rey, Elvis. En marzo de 1956, Elvis Aaron Presley publica su primer elepé. El músico de Tupelo tan sólo tenía 21 años. Un año antes, el 31 de enero de 1955 en Tampa, le tomaban un retrato histórico que ilustraría el álbum. A la poderosa imagen del joven músico desgañitándose mientras agita el mástil de su guitarra, se suma una rupestre tipografía con su nombre en rosa y su apellido en verde. Larga vida al rey.

La historia de esta portada continúa. 1979. Londrés. El punk. The Clash. El mejor grupo del primer movimiento antisistema de origen anarquista hace su propio homenaje a uno de sus ídolos. Un tipo que, como ellos, había provocado el escándalo en la sociedad más tradicional, aunque 20 años antes y sin apelar a la política.

El tercer disco de la banda de Joe Strummer, London Calling, recuperaba la iconografía del mítico álbum del rey, aunque la actualizaba, la contextualizaba y le sumaba más fuerza, si cabe, a la original. ¿Cómo? Gracias la violenta imagen del bajista de The Clash, Paul Simonon, a punto de destrozar su bajo.

Un año después los ingleses recuperaron la estética, que no la imagen, para su nuevo single: Train in vain.

Otro seguidor del punk tomó la estética del monarca, aunque a diferencia de los Clash, Tommi Stumpff dulcificó la portada con una párvula imagen. Fue el año de Naranjito: 1982.

A lo patrio. Madrid. Un bar de Cuatro caminos. En la madrileña movida un grupo de gallegos descerebrados, Siniestro total, piensan en la portada de su nuevo sencillo. Es el primer single que no incluye cara A. Tiene dos caras B. Deciden homenajear a sus idolatrados The Clash, aunque prefieren darle un toque propio. Tras varias divagaciones Pepo Fuentes y Julián Hernández -ideólogos del grupo más gamberro de La Movida- optan por sustituir a Simonon por un gaitero. Las canciones del single: Sexo chungo y Me pica un huevo. Surrealismo ibérico.

La más velada referencia a la primera grabación de Elvis la firmó otro genio: Tom Waits. La portada de su aclamado Rain dogs (1985) utiliza una tipografía similar, aunque no tan rupestre. Las diferencias: la distribución del texto y el color de las letras. La imagen fue tomada a finales de los años sesenta por el fotógrafo sueco Anders Petersen y quien aparece en ella, no es Waits.

Entre la larga lista de músicos que han rendido homenaje al rey del rock, hay que destacar la de su homólogo latino: El Vez, el Elvis mexicano. Este marciano con tupé, el más pretigioso imitardor de Elvis en todo el mundo, es considerado una mezcla entre el ídolo estadounidense y el Che Guevara. El Vez, en realidad, homenajeó a dos grupos al mismo tiempo: Elvis y The Clash.

El nombre del más famoso skater de la historia, Tony Hawk, también se ha vinculado a la histórica portada. Su último videojuego contó con una banda sonora propia, con bandas de punk versionando clásicos del punk y del hardcore. La ilustración no puede tener una referencia más clara: London Calling.

La última en homenajear a Elvis ha sido una mujer, K.D. Lang. La canadiense publicó en 2006 Reintarnation. Del rey imita hasta el grito.

A todas estas portadas se suman un larga colección de ‘tapas’ deudoras tanto del rey del rock como de los príncipes del punk. Músicos de todo tipo han retomado la portada original y la han reiventado: folkies, punkies, indie, bluesmen… Elvis no está muerto.

miércoles, 4 de junio de 2008

El oso despierta

El término experimental suele picar. Es como la etiqueta de las camisetas que hay que cortar/arrancar porque molestan y te obligan a rascarte. Hay bandas que sufren del mal de la etiqueta. Hay que arrancarla a tiempo, o pasarán el resto de sus días rascándose. Wilco, más bien su líder Jeff Tweddy, sacó las tijeras en su último disco, Blue Sky Blue. Dejó los ruiditos, la electrónica, y recuperó la candidez de sus country-pop-rock de baja intensidad. Con esta obra se postula para ser uno de los grandes compositores de la música popular contemporánea.

Tweddy, con su cara de oso madrugador, tomó las riendas de Blue Sky Blue. El resto del grupo cuenta que las canciones surgen de un trabajo común en el que todos lo miembros han aportado algo. Habrá que creérselo, aunque los galones de capitan se sabe quién los lleva en este barco.

Sería un error grave pensar que los anteriores trabajos de Wilco provienen de la experimentación más osada. No son Radiohead, ni Sonic Youth; pero dentro de su mundo canciones de diez minutos, con repetitivas bases electrónicas y guitarras anárquicas, son todo un ejercicio de furia y heterodoxia.

Blue Sky Blue es la joya engarzada del grupo, un compendio de sus mejores virtudes. Para los amantes de su sonido más primigenio y campero, el de su estreno A.M. (una joya del country alternativo), la última entrega de Wilco resultará, como mínimo, descafeinada. Para los seguidores acérrimos de los Wilco más lisérgicos, ídem. Para los demás, un imprescindible.

Adios a las migrañas
Jeff Tweedy sufre desde su juventud migrañas. Ni rastro. Blue Sky Blue apesta a Beatles, Brian Wilson, Birds, aunque con la siempre atenta mirada de Neil Young (oh, gran Neil) y Parsons. No hay dolores de cabeza. Suena claro, brillante y adictivo. Es probable que la banda haya firmado su propio Sgt. Peppers, salvando las distancias.

El recorrido comienza con Either way, la guía perfecta del pop que habría firmado el mismo Harrison. Continúa hasta adentrase en la canción que da título al disco, en la que recuperan su tradición más americana y que sirve de trampolín hacia melodías con ciertos toques (muy ligeros) de soul, un rock más clásico y temas para guardar siempre en el apartado de memoria vital, como Leave me (like you find me). El disco tiene de todo, las guitarras de Walken suenan a The Faces, What light a un songwriter como Dylan, y se cierra el disco con la hipnótica e intensa On and On and On.

En la época en la que el modo shuffle del Itunes apuñala al elepé por la espalda y realza al single, encontrar un disco tan completo, cuidado y adictivo no es un milagro, simplemente es una suerte. Wilco, con una excelente discografía, toca techo con un trabajo de esos que aparecerán en la lista de 1001 discos que hay que escuchar antes de morir. Mejor no esperar Blue Sky Blue se incluya en la nueva edición, quizás sea demasiado tarde.








jueves, 22 de mayo de 2008

Aleluya para hoy

El gran concierto del año fue anunciado ayer, aunque hubo alguno que ya se lo olía. Bienvenida la buena nueva.

El genio californiano nacido con barba de tres días -deidad trinitaria viva junto a Dylan y Cave- visitará España con dos conciertos en Barcelona y uno en San Sebastián. Una oportunidad única de ver a un tipo que abandonó hace años las noches salvajes de San Francisco para convertirse a la vida hogareña y cotidiana de su rancho y su familia.

Los astros nos han sido favorables y Tom Waits nos regalará sus 35 años de música en vivo. Sin duda, combinará la fórmula que le ha hecho famoso: elegancia y primitivismo a partes iguales. Alabado sea nuestro vividor más empedernido. 












viernes, 9 de mayo de 2008

Cualquier otra cosa

Puede que sean la combinación perfecta entre las bases rítmicas de Joy Division y las guitarras de My Bloody Valentine. También podrían ser cualquier otra cosa. Por ejemplo _______ (rellene el espacio según su parecer). En cualquier caso, son una interesante, aunque desigual, apuesta: Film School.

Surgidos a finales de los años 90, su primer disco -Brilliant career- aparece con el nuevo siglo: 2001. Como es habitual hay un cerebro, aunque en ocasiones sean dos (Lennon-McCartney, Hazlewood-Hammond, Moraes-Jobim): Krayg Burton. Este guitarrista comenzó a trabajar bajo el nombre de Film School como un proyecto personal, al que luego se sumarían miembros de otras bandas, entre ellos algún ex-Pavement.

Tras el éxito del primer elepé no volvieron a presentar nuevo disco hasta el año 2006, de mismo título que la banda. El tercero no tardaron tanto en grabarlo, fue al año siguiente y recibió el nombre de Hideout. En su último larga duración mantienen ese sonido envolvente, tamizado y pesado, como los días de bochorno previo a la lluvia, que les emparienta con los grupos de shoegaze, tan amigos de las capas de instrumentos que crean el famoso muro de sonido que inventó el siempre imprevisible y genial Phil Spector.





jueves, 1 de mayo de 2008

Un elegante bigote

Se enciende las luces y aparece un tipo de traje con un longevo bigote pegando patadas al aire. No es un chiste. Es el comienzo de un concierto de Nick Cave. El australiano es lo que se llama un animal de la escena. Pura fuerza que durante 30 años se ha transmitido a través de discos y directos.

¿Pero quién es Cave? Es un cantautor con banda, The Bad Seeds. Un punk sin cresta. Un bluesman blanco. Un baladista de diseño y sofisticado. Un orador con sintonía. Es un Elvis iracundo. Su carrera ha sido un constante trabajo de reinvención siempre basado en su absorbente personalidad.

El compositor comenzó en esto de la música en los años 70. En su primera banda, The Boys Next Door, conoció a su inseparable compañero Mick Harvey, líder de los orgánicos Bad Seeds. Después llegaría Birthday Party, un ejercicio de expresionismo punk que abriría las puertas del éxito a Cave.

Desaparecidos los Birthday, este fan confeso de Johny Cash, Leonard Cohen y los Beatles se reúne con los Bad Seeds para grabar su primer disco en 1984, From her to eternity. Desde entonces, Nick Cave, que ha publicado seis libros, ha hecho lo que le ha dado la gana. No se puede explicar de otro modo. Ha cantado con Tom Waits, P.J. Harvey, Cash e, incluso, Kylie Minoge.

La semana pasada Cave presentó su nuevo disco (Dig Lazarus, Dig) en San Sebastián y Barcelona. Acompañado de sus siete compañeros de banda, el australiano desgranó algunos de los mejores temas de su repertorio: Deanna, My funeral, your trial, Hard on for Love, The ship song, Straight to you, Tupelo, Stagger Lee y Red right hand. Además de los temas del nuevo álbum (Dig, Lazarus, dig, We call upon the author, Lie down here, Night of the lotus eaters) a lo largo de más de horas de extrema intensidad.

En verano volverá, de momento a Madrid, pero con su banda Grinderman. Así que ya saben, si ven a un tipo alto, enjuto, medio calvo, con bigote, vestido de traje y pegando patadas al aire sobre un escenario, ese es Nick Cave.












miércoles, 16 de abril de 2008

El frío nombre de tu hermana

Islandia es el país que durante las dos últimas década ha entregado al mundo a los creadores más personales y extravagantes de la música popular. La diva Björk fue la pionera, Sigur Rós aparecieron más tarde con su sonido espacial. Junto a estos, Múm y su música de juguete y, por último las nuevas generaciones, como Amiina. Todos han logrado un hito: un sonido inconfundible que ha sido imitado en el resto de Europa y en los Estados Unidos. De entre todos los grupos, Sigur Rós -dejando a la sin par Björk a un lado- se ha convertido en el grupo más reconocido. El cuarteto marciano de Reykjavik a creado un universo propio, cercano a unos Pink Floyd más intensos y enrevesados.

El grupo se formó en 1994 en la capital islandesa. Decidieron llamar a su grupo igual que a la hermana de uno de los miembros de la banda, que ese mismo día acababa de nacer. Victoria Rosa. Tres años más tarde lograron publicar un primer disco en un sello islandés. El título fue Von: esperanza. En 1999 llegaría Ágaetys Byrjun, que significa buen comienzo. En este disco ya establecen los cánones del grupo: música onírica, con cambios de intensidad, prácticamente instrumental y con una importante orquestación.

El año 2000 sería el momento de dar el salto internacional. Sus padrinos fueron los gurús del rock independiente: Radiohead. Los islandeses se encargaron de abrir algunos de los conciertos de la gira de los británicos. A partir de ese momento, Sigur Rós despegaba, sin aparente freno, al olimpo de la música.

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En 2002 publicaron un disco sin título, simplemente dos paréntesis adornaba la portada. Las canciones, ídem, sin nombre. El álbum, con un sonido más crudo, compartía con su predecesor los juegos de intensidad, de la tranquilidad a las olas de ira, siempre melódica. Sigur Rós, no son amigos del ruido, lo que les diferencia de otros grupo con los que han sido comparados, como Mogwai y Godspeed You! Black Emperor. () fue publicado junto a un libro en el que distintos artistas gráficos, entre ellos Chema Madoz, prestaban sus ideas visuales a la música.

Los islandeses, que han publicado dos discos más de estudio y preparan el quinto álbum, han cultivado siempre una pose de raritos. No cantan exactamente en islandés, sino que en ocasiones lo fusionan con el inglés y crean el happylandish. Más rarezas: en alguna canción han incluido palíndromos sonoros, suenan igual se escuchen normalmente o al revés. Tienen extraños motes y el guitarrista y cantante, Jon Por Birgisson, es seguidor del grupo de música heavy Iron Maiden.

Pero peculiaridades aparte, Sigur Rós es uno de esos grupo que bien escuchado y dándoles una segunda oportunidad son capaces de trasladarte lejos, muy lejos. Sus directos, ocasionalmente acompañados por una orquesta, tienen fama de poseer una extraña capacidad para crear indescriptibles atmósferas. Es probable que sea la magia propia de Islandia, un país en el que el frío se combate con extravagancia y talento, al menos musical.










martes, 8 de abril de 2008

James, mirada de loco

Cuando era joven, James Taylor tenía cierta mirada de loco. Quizás fuera consecuencia de una de esas biografías de juventud tan propias de las estrellas de la música: una prematura cercanía a las drogas y a las instituciones psiquiátricas. Ahora, cuarenta años más tarde de la llegada de este compositor de Boston a las discográficas, sus fotos muestran un rostro mucho más amable. Puede que sea la cara de un hombre que ha logrado convertirse en un referente musical del siglo XX y quizás haya olvidado los demonios de la juventud.

Taylor apareció en el mundo de la música con apenas veinte años recién cumplidos. Aquel seguidor de los Beatles y de la música folk abandonó sus estudios de chelo para dedicarse a la guitarra acústica. Su primer disco llegó muy pronto, en el año 1968: James Taylor. Lo grabó en Inglaterra para el sello de los cuatro fantásticos: Apple. El propio McCartney puso el bajo en el disco. Esta obra no logró una gran repercusión, pero le abrió las puertas, unas puertas pequeñas, a una gira por Estados Unidos.

Después llegaría Sweet baby James. Era 1970. Su segundo disco en solitario es una obra maestra. El cantautor pertenecía a aquella generación que vivía la resaca del movimiento hippie y del verano del amor. Era una generación que empezaba a perder el interés por los movimientos políticos y empezaba a mirar más hacia su ombligo. Taylor escribió una obra muy autobiográfica que logró alcanzar el número uno de la lista de ventas. La fantástica Fire and rain recupera sus días internado, en el que vislumbra, a diferencia de otros autores, esperanza.

Sin grandes epopeyas
Sweet baby James es una preciosa recopilación de tranquilas canciones en las que el bostoniano recoge lo mejor del folk y del blues. Hay algún toque de pop, escaso, y más referencias sonoras a Bob Dylan que a los Beatles. La música de Taylor es intimista y alejada de las grandes epopeyas. Sus historias son mínimas, como su música, ajena a las orquestaciones. Un sonido desnudo, como el que suelen exigir el sonido acústico y los cuentacuentos.

El éxito de este álbum fue tal que Taylor protagonizó la portada de la revista Time, como representante de la nueva generación de songwriters que reunía a gente como Joni Mitchell, Carly Simon o Cat Stevens. A partir de ese momento, el compositor de Boston se convertía en un referente para la música americana, la más joven promesa.

La carrera de Taylor ya no tuvo freno. Discos, directos e incluso alguna incursión en el mundo del cine. Su mayor hito, al menos comercial, haber vendido 11 millones de copias de su disco Greatest hits.